Los depósitos bancarios se han convertido en un auténtico negocio para las entidades financieras, no tanto por la rentabilidad que tienen que conceder que es demasiado elevada, teniendo en cuenta los tiempos que corren, pero sí desde el punto de vista de la liquidez que están consiguiendo obtener con ella.
Y es que gracias a los depósitos bancarios las entidades financieras están obteniendo la liquidez que les niegan los mercados internacionales. Recurriendo a los mercados minoristas, las entidades financieras están pudiendo hacer frente a los pagos con los que se encuentran de manera recurrente.
Por ello, muchas entidades financieras han apostado por ofrecer rentabilidades por encima del 4% a pesar de encontrarse con el tope del 3,15% marcado por el Gobierno para proteger la propia sostenibilidad de las entidades financieras, y teniendo que, por tanto, pagar más al Fondo de Garantía de Depósitos.
Aún así, las entidades se encuentran con que les compensa pagar esta penalización en contra de lo que se pudiera pensar en un primer momento, ya que el apalancamiento financiero es tal que no tienen otra alternativa más que apostar por la lucha de los depósitos bancarios.
Unos depósitos bancarios que han comenzado a ser vistos con mejores ojos por parte de los ahorradores, que ahora ya no se atreven a lanzarse a la caza de las grandes rentabilidades de otros productos de mayor riesgo, sino que prefieren refugiarse en la seguridad de los depósitos, que garantizan el capital aportado bajo cualquier circunstancia, con la garantía doble de las propias autoridades públicas.
En este sentido, los depósitos siguen por delante de los ahora de moda pagarés, gracias a esta garantía máxima, y por supuesto, muy por delante de las inversiones en bolsa, totalmente repudiadas por los ahorradores en estos momentos de incertidumbres financieras máximas, en las que nadie sabe a lo que atenerse.
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